Intento de suicidio, es la existencia del deseo de eliminación que son interrumpidas por factores externos o intervención.
Tentativa de suicidio no existe un verdadero deseo de perder la vida, sino el llamar la atención sobre la persona o un hecho relacionado.
Es importante detectar esta diferencia a tiempo para intervenir apropiadamente en el intento de rescate. En el primero es peligroso para el contexto donde se quiere producir la acción, mientras que en el segundo se debe eliminar los “disparadores” de la acción.
Para poder entender la conducta suicida partimos de la pregunta: “¿Por qué se suicida una persona? Si es un intento de verdad es porque no existe esperanzas ni expectativas, un futuro por el cual esperar, e incluso por miedo.
No existe salida. Existe una alternativa a seguir con vida y es la de afrontar los problemas que le han conducido a esa situación extrema. La persona acepta que morir es la mejor de las soluciones que tiene, ya no encuentra salida y prefiere abandonar todo lo demás. Entonces, antes de la muerte biológica se tiene que dar la muerte Psicológica (cognitiva), y quizás también se haya producido la muerte social, en donde la persona no encuentra afecto, apoyo en la sociedad que valga lo suficiente.
Así también, para entender el acto de suicidarse, se deben comprender los estados de ánimo cercanos a la depresión como la tristeza, la desesperanza, la culpa, etc., los trastornos de la personalidad, y así también en este campo, el trastorno límite de Personalidad (Borderline), otras enfermedades y trastornos psiquiátricos (esquizofrenia, delirium) y así mismo la relación con el uso de sustancias estupefacientes, drogas, alcohol.
Detectar el riesgo de suicidio es fundamental en el proceso de prevención, sobre todo en determinadas poblaciones de riesgo y en especial cuando se ha dado ya un intento.
Intervención Psicológica:
Intervención Psicológica:
Cada caso es único. Podemos encontrarnos a pocos o muchos pasos de una persona que amenaza con suicidarse. Las situaciones también son distintas, el estar encerrado, oculto, estar en lo alto de un puente, de un andamio, etc.
Para que pueda existir un tipo de intervención psicológica tiene que producirse, mínimamente, la posibilidad de comunicarse.
1. El primer objetivo en caso de presentarse un caso de intento de suicidio es el poder “asegurar la escena”, lo que es garantizar la seguridad de las personas alrededor, puesto que muchas personas dispuestas a cometer el suicidio suelen amenazar la vida de las personas cercanas, presentando poca importancia para los daños posteriores que puedan existir.
2. Al enfrentarse a la situación se deben tener los mayores datos posibles de la persona; sobre todo posibles causas, datos personales, actividades, gustos y preferencias. Se aconseja la no intervención de terceros conocidos de la persona que intenta suicidarse.
3. Establecer una comunicación verbal y no verbal, no se trata de “razonar” con la persona, porque la persona quizá tenga buenas razones para terminar con su vida, sino el “ganar tiempo” para poder cambiar su estado emocional y controlar su impulsividad.
4. Dar el primer contacto: presentarse, saber cómo se llama, establecer contacto verbal, y si puede ser, el contacto visual (que es un arma poderosa), hablar hasta que se pueda establecer un contacto físico que garantice el éxito de la acción, establecer la pre-evaluación del caso tomando en cuenta la edad, sexo, el método utilizado para el suicidio, conocer la motivación, posibles causas, antecedentes, etc. Con estos datos establecer un pre-diagnóstico para utilizar algunas técnicas, basadas principalmente en tener una actitud empática de respeto e interés, afecto, control emocional de parte del interventor, que es importante, así mismo algunas “preguntas de distracción”, como por el clima, sus intereses, con el objetivo de hacer cambiar el foco de atención. Preguntar el por qué de la conducta suicida con preguntas directas y cortas, esto hace explícita la situación, objetivita para la persona y la tranquiliza, también nos ayuda a valorar el riesgo. Escucha activa, escuchar con verdadero interés, demostrandolo. Hablar en positivo, atender a la conducta no verbal, conocer sus pensamientos y cambiar las “distorsiones cognitivas existentes”, que es lo más difícil. Crear ambivalencias respecto a lo malo y bueno de la situación, irse ganando la confianza, ganar tiempo, intentar cambiar las emociones, ayudarle a verbalizar sus pensamientos, y negociar.
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